Hacerlo bien
«Vísteme despacio, que tengo prisa», «Zapatero, a tus zapatos», «El que mucho abarca, poco aprieta»: los refranes del oficio son los más secos del refranero, porque vienen de gente cuyos errores costaban material. Siguen siendo los más citados en el trabajo, y dos de ellos sirven exactamente para lo mismo que se usan hoy en una oficina.
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Casi todos son correcciones, no consejos. Antes de soltar uno, piensa a quién corriges: «zapatero, a tus zapatos» dicho a un superior es bastante más fuerte de lo que parece.
Las 12 tarjetas
Intercambiar pregunta y respuestaVísteme despacio, que tengo prisa.
Cuando urge, conviene ir con más cuidado, no con menos.
«Repasa el contrato entero aunque salga hoy: vísteme despacio, que tengo prisa.»
Zapatero, a tus zapatos.
Que cada cual se ocupe de lo que sabe.
«Está corrigiendo el cálculo estructural sin ser ingeniero. Zapatero, a tus zapatos.»
El que mucho abarca, poco aprieta.
Quien se ocupa de demasiadas cosas no hace bien ninguna.
«Lleva cinco proyectos y no cierra ninguno: el que mucho abarca, poco aprieta.»
Del dicho al hecho hay mucho trecho.
Entre prometer algo y hacerlo hay mucha distancia.
«Dijeron que lo tendrían en enero. Del dicho al hecho hay mucho trecho.»
Obras son amores y no buenas razones.
El cariño se demuestra actuando, no explicándolo.
«Se pasó el sábado ayudándole con la mudanza: obras son amores y no buenas razones.»
Más vale prevenir que curar.
Evitar el problema sale más barato que arreglarlo.
«Haz la copia de seguridad antes de tocar nada: más vale prevenir que curar.»
Lo barato sale caro.
Ahorrar de entrada suele costar más al final.
«Compramos la impresora más barata y la hemos cambiado dos veces: lo barato sale caro.»
Aprendiz de mucho, maestro de nada.
Quien toca todos los oficios no domina ninguno.
«Ha empezado cinco carreras y no ha acabado ninguna: aprendiz de mucho, maestro de nada.»
Cada maestrillo tiene su librillo.
Cada cual tiene su propia manera de hacer las cosas.
«Ella ordena por color y yo por fecha; cada maestrillo tiene su librillo.»
Las prisas no son buenas consejeras.
Decidir con prisa lleva a decidir mal.
«No firmes hoy solo porque insistan: las prisas no son buenas consejeras.»
Quien mucho corre, pronto para.
Quien empieza demasiado fuerte se queda antes sin fuerzas.
«Estudió doce horas el lunes y no abrió el libro en toda la semana: quien mucho corre, pronto para.»
A quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.
Rodearse de gente buena trae beneficios.
«Entró en el equipo de los veteranos y aprendió en un año lo de cinco: a quien buen árbol se arrima, buena sombra le cobija.»
Qué aprender después
Después: lo que dice el refranero sobre la gente y sus apariencias.
